Marzo florido, seas bienvenido.

No, febrero no fue el mejor mes de mi vida, ni mucho menos el más corto. Se hizo bien largo, de hecho. Gracias a mi rotura del radio del brazo, me he sentido más inútil que nunca.

Sí sí, tal cual. INÚTIL.

Con un brazo escayolado por encima del codo, mucho no es que puedas hacer… Pero es que aquello no parecía una escayola, ¡me habían echado yeso como para hacer una casa!

Ninguna blusa bonita me valía, el brazo no me entraba por cualquier jersey de lana… Asique me he tirado unas buenas semanas a base de chándal, leggins y jerseys que estaban dados de sí como cuerda de bandurria.

Por no mencionar que, en el colegio, no he podido hacer prácticamente nada. ¿Sabéis como se siente una maestra cuando sus alumnos/as de 5 años son más competentes motrizmente que ella?

Cada vez que les veía atarse los botones del babi pensaba: “¡Qué envidia! Si yo pudiera atarme el botón de un pantalón vaquero, otro gallo cantaría.”.

Pero muy dignamente, y con mi resignación de no poder hacer nada, ni siquiera escribir, esperé ansiosamente que llegara el día en que me quitasen aquellos cinco kilos de encima. ¡Me dolía hasta la espalda de cargar con aquello, joder!

Y efectivamente, llegó el día de ir al traumatólogo. Yo, de verdad, les consideraba personas competentes en su campo de sabiduría, pero una vez más, me demostraron que no. Me quitaron la escayola, me movieron un poco el brazo, y con las mismas, me mandaron a casa. Sin hacerme radiografías ni madre que lo fundó.

Y por si os lo estáis preguntando, sí, me sigue doliendo.

A estas alturas ya os habréis dado cuenta que ni siquiera estoy siendo cuidadosa con las expresiones ni con las construcciones sintácticas, y es que en este caso no me interesa para nada. Quiero recalcar bien la frustración que pasé y que sigo pasando, y que entendáis que estar con un brazo así, lejos de ser una ventaja para que te lo hagan todo, es bien jodido cuando vives solo.

A pesar de que aún me duele, veía necesario estrenar el primer post del marzo hablando de ello, y es que es la primera vez que cojo el ordenador en un mes. ¡Ya no me acordaba de lo que era teclear!

Y diréis: ¡Qué tontería, con el móvil también tecleas! Pues no. Con la mano izquierda soy bastante nula, asique para contestar al WhatsApp lo hacía todo por micrófono para que el mismo móvil escribiera lo que yo iba diciendo, o en su defecto, por audios.

Asique marzo, sólo te pido que seas un poco mejor que tu precedente, y que vengas más tranquilito, si cabe.

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