El estar ausente no anula el recuerdo, ni compra el olvido, ni nos borra del mapa.

Te felicito. Has logrado en este tiempo cosas importantes. Has olvidado que te encantaba tocarme la pierna izquierda mientras conducías y hacerme cosquillas si me hacía la enfadada, las medidas de dos corazones que salían por la boca porque derrochaban sentimientos, que a Madrid son más de 500 kilómetros si tocaba antes despedirse. Has olvidado que si me miras, lo sé todo, que del dos al ocho hay un salto pero que quedan mejor juntitos, que la canción para ser nuestra tiene que hablar de amor y de guerra. Olvidaste que vengo del barro y me las se todas, que te he llegado a conocer desde una perspectiva a la que ojalá nadie llegue, porque yo fui y viví tu mejor versión, en todos los aspectos de la vida. No eres tan ganador como te dicen, lo siento. Tú que has decidido quemarte en otros incendios, probar otras bocas y vivir al día, te aplaudo. Te aplaudo aunque sepa que por delante de todas las historias que vivas, elegirías siempre la nuestra. Mil veces. Cada día. Lo se yo, y lo sabemos los dos. Y eso aún no has podido olvidarlo.

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